Una mirada dentro del Líbano
Fadi Abi Allam
18-11-2009
Fadi Abi Allam
El acuerdo de Doha del 21 de mayo de 2008 puso fin a una crisis política de 18 meses y al resurgimiento de la violencia que ha caracterizado el Líbano. El pacto incluía – entre otros puntos – la elección consensuada de un presidente, Michel Suleiman, y el inicio de un diálogo para promover la autoridad del Estado en todo el país, así como su relación con diversos grupos del escenario libanés. Se produjeron dos encuentros – uno el 16 de diciembre y el otro el 5 de noviembre, pero no llegaron a tocar las raíces profundas de los problemas a los que se enfrenta el país y que pueden afectar su progreso.
Fadi Abi Allam es presidente de Permanent Peace Movement, organización libanesa que trabaja en la construcción de paz en el Líbano. Miembro del Comité de Dirección de la Red de Noviolencia de los Países Árabes
Aunque se puede decir que hoy en día la situación política del Líbano se ha estabilizado, ¿se puede hablar de una situación de paz? Cuando se habla de la paz, en realidad, no nos referimos sólo al presente, ¿habrá paz en el futuro? Quedan aún muchos temas sobre la mesa. A un nivel interno, por ejemplo, hay que analizar una tendencia de impunidad peligrosamente aunada con el nivel de violencia que ha caracterizado el Líbano, el tema de los campos de refugiados palestinos o la soberanía del gobierno en todo el territorio, etc. Desde un nivel regional, es interesante considerar la cuestión no resulta de la ocupación de Israel de las Granjas de Sheeba y de Farshuba [territorios ocupados ilegalmente por Israel desde 1967], el tema de las fronteras con Siria o la política iraniana relativa a la energía nuclear, la cual tiene consecuencias sobre todos los países de la región.
El legado de impunidad permite, en cierta medida, la proliferación de una cultura de violencia que se evidenció desde el asesinato del Primer Ministro Rafiq Hariri en los enfrentamientos del mayo de 2008. La proliferación de armas, sumado al uso que hacen de ellas los grupos ilegales para defender sus intereses particulares se conecta con esta misma lógica. Los grupos extremistas también encuentran un terreno adobado en los grupos marginales de la sociedad: los 12 campos de refugiados palestinos son un ejemplo – sus habitante sufren muchas dificultades, como la falta de infraestructura y de espacio, la pobreza y el desempleo, hechos a los que se ha de añadir la ausencia de un poder central. Por tanto, el recurso de las armas parece la manera más sencilla de tener seguridad. En realidad, el gobierno libanés no tiene soberanía ni en los campos de refugiados ni en su mismo territorio, incluida el sur del país – situación que da rienda suelta al extremismo. Obviamente, el problema interno está conectado con la situación irresoluta de la ocupación israelí sobre las Granjas de Sheeba y en las montañas de Farshuba – contexto que ha dado pábulo a la formación de grupos armados del Líbano, dando coartada para su estrategia defensiva.
La construcción de la paz
Todos estos factores incrementan las divisiones ya existentes y las fricciones en la sociedad libanesa y, al mismo tiempo, constituyen un gran reto y esfuerzo para esta sociedad respecto la construcción de paz. Por otro lado, el movimiento libanés para la paz ha podido dar continuidad a su tarea a favor de la integración social por medios pacíficos: creando espacios de diálogo donde enfrentar todos los problemas del pasado y del futuro.
Además es muy importante ver que el desarrollo es un factor clave para impulsar las actividades de creación de paz. Hay que abordar temas como la pobreza o el desempleo, pues suelen estar en la base del inicio de la violencia. Hoy en día, la sociedad civil puede activar la discusión constructiva en todos los niveles mediante talleres (cuyo tema es la noviolencia, la resolución de conflictos, la ciudadanía, etc.) o a través de creación de redes nacionales y regionales. Asimismo, pueden idear herramientas para responder a alertas que permitan prevenir los conflictos. Un ejemplo de esto lo representa la Red de Noviolencia de los Países Árabes (NNAC, en siglas inglesas), que constituye un forum que tiene como fin compartir diversas experiencias sobre la construcción de una cultura de paz y noviolencia. La Red ha estado trabajando efectivamente la construcción de capacidades de ONG libanesas y de la región, produciendo así materiales de sensibilización y manuales de formación, organizando de este modo conferencias, etc.
Una estrategia potencial de la noviolencia ha de incluir todos los niveles de la sociedad: desde los niveles más básicos hasta las elites. Las actividades que la sociedad civil ha estado realizando no son suficientes para resolver los problemas más arraigados. Hace falta voluntad política para lograrlo. Por tanto, el movimiento para la paz defiende que el gobierno libanés organice una Comisión de creación de paz que, junto con la sociedad civil, tendrá un impacto más grande en la construcción del camino hacia la paz. Otro esfuerzo que queda por hacer es el de la integración de la educación para la paz en los programas educativos de la escuela y de la universidad. Esto se ha tratar desde la Comisión propuesta que, de momento, la sociedad está apoyando con un esfuerzo extraordinario que puede tener un efecto enorme a favor de la paz en el Líbano y que habría de ser asumido – o, al menos, apoyado – por el gobierno, pues sería un buen substituto temporal de la misma Comisión.






